José Alfredo Otero.
Ciudad de México.
A Melvin Mora lo conocí el Día de los Santos Inocentes (28 de diciembre de 1991), hace casi justo 25 años y son 25 años, en el dogout de la izquierda del estadio Universitario justo antes de un encuentro ante los Tiburones, recuerdo mi papá tomó una foto con su cámara Kodak Star 110, imagen que ya le pedí me envié escaneada para compartirla con ustedes como destacada en este escrito, pero mi papá no es muy dado a la tecnología con las computadora y scanner, como las que me compartió mi pana Carlos Enrique Weffe hace unos días y que en su momento también subiré.
Ese día Melvin se fue de 5-3 y estuvo a punto de sacarla por el jardín izquierdo y me dije este novato batea, pero a partir de la campaña 93-94 Mora comenzó a demostrar su calidad defensiva y precisamente en el parque de la Ciudad Universitaria, pero en el jardín derecho y ante el eterno rival los Leones del Caracas, como sin nadie saberlo un preámbulo de lo que haría en el sexto juego de la final de esa temporada, cuando tuvo que asumir la responsabilidad de nada y más y nada menos de ser el jardinero central de los Navegantes del Magallanes en una instancia como esa la primera final entre los eternos rivales del béisbol profesional venezolano y con los “Turcos”, abajo en la serie 2-3, sin mañana, y sin el prospecto de los Astros de Houston: Brian Hunter, quien fue el centerfielder toda la zafra y hasta el cuarto juego de aquella final y Melvin hizo esto:
https://www.youtube.com/watch?v=p7YyyzbUqtw
Con el juego empatado a cero y ante batazo de Omar Vizquel, para patentar desde entonces sus vuelos en los jardines de los estadios venezolanos y ganarse desde ese momento no solo mi idolatría sino también de millones de magallaneros, no solo con esa jugada, sino también con su celebración, el grito y la forma de tirar la bola después de la jugada y con lo que hizo luego durante el tiempo que jugó con los “Eléctricos”, con su toques de pelota en especial ante los “Melenudos”, jugando en segunda, tercera, como bateaba en los round robin y finales, como ayudó en tres campeonatos (93-94, 95-96 y 96-97), cuando jugó con el número 9 de Edgardo Alfonzo porque se le quedó su número 4 en Valencia, y con su poder después de arribar y establecerse en las Grandes Ligas.
Pero lo que más recuerdo de Melvin además de haberlo conocido y de sus actuaciones con los “Bucaneros”, en especial la jugada ante los Leones, fue cuando mi pana del colegio Alfonso García, alto caraquista por cierto, agarró en la preferencia derecha del Universitario, cuando existía, un foul conectado por Mora y luego se lo dijimos y mostramos a Melvin en el dogout de la derecha, después de la victoria magallanera y Mora se sorprendió y preguntó ¿en serio?, antes de firmarle la pelota a Alfonso, quien después no la quiso poner cunado nos quedamos sin pelota una de esa caimaneras sabatinas en el estacionamiento de la Casa del Artista, y eso que le ofrecí otra firmada por todo el Magallanes nada más y nada menos que de la 95-96, que posteriormente sería más que histórico, como nos sorprendimos mi tío Marío (alto magallanero QEPD) y yo, cuando después de un jonrón de Melvin por el jardín izquierdo en el parque de la Ciudad Universitaria ante los “Escualos”, para empatar o irnos arriba y un magallanero en medio de la emoción de su celebración, le agarró la barriga a su pareja embarazada y le dijo “mi amor ese Melvin, como se va a llamar el niño”, lo que sin duda me hizo recordar los quintillizos de Mora y lo que producen a los que consideramos nuestros ídolos magallaneros en cada uno de nosotros.
Foto: Pelota Binaria.
