A continuación, otra edición de un día como hoy, 30 de enero en la historia de los Navegantes del Magallanes.
30 de enero de 1994
El arrojo del Almirante
“¿Qué celebran éstos?”, se le oyó decir al primera base Oscar Azócar, luego del tercer triunfo del Caracas. “Todavía quedan dos juegos”. Ciertamente los Leones estaban a solo un paso de proclamarse campeones de la 93-94, pero como dio a entender el inicialista de los Navegantes, primero debían consumar la victoria en uno de los dos partidos que restaban para poder echar a rodar la celebración. La serie retornó al José Bernardo Pérez, donde “El Domador” Juan Carlos Pulido trataría de tomar venganza de la derrota sufrida en el segundo encuentro.
Esta vez, su rival en la lomita sería el experimentado Urbano Lugo, un serpentinero más que curtido en este tipo de confrontaciones. Pulido y Lugo respondieron a lo que todo el mundo suponía: un gran duelo de pitcheo. Luego de ocho entradas y media, el marcador se mantenía cero a cero, no sin antes registrarse varias amenazas de parte y parte.
La más fuerte de todas correspondió al Caracas a la altura del sexto inning, cuando el prodigioso guante del centerfielder Melvin Mora surgió para proteger la gran labor de Pulido. El jardinero yaracuyano se encontraba en el line up en sustitución del norteamericano Brian Hunter, quien había regresado a los Estados Unidos a cumplir compromisos familiares. Con dos outs y Henry Blanco a 90 pies del home, Omar Vizquel conectó una peligrosa línea que parecía destinada a romper el empate, pero, lanzándose de cabeza, Mora realizó un engarce espectacular que fue premiado por el público con sus aplausos.
“Creo que Vizquel no ha podido olvidar esa jugada y tampoco la han olvidado el resto de los caraquistas”, comentó años después Mora.
“Fue una jugada apoteósica. A veces digo que no sé ni cómo agarré esa bola, estaba totalmente concentrado y me dije a mi mismo: tengo que atrapar lo que venga, como sea. Hoy en día veo la repetición y me doy cuenta que donde yo estaba ubicado, tenía que correr mucho para hacerlo, pero si no lo hacía, Caracas se iba arriba y después venía el cerrador y no había más pa’ nadie. Fue un juego de esos en que el que logra hacer una carrera, gana”.
El tercera base Eddy Díaz y el rightfielder Chris Hatcher también facturaron jugadas sobresalientes para que en ocho capítulos el zurdo de los turcos solo recibiera tres imparables. Por su parte, Lugo había recibido la misma cantidad de incogibles y solamente un hombre le había pisado la tercera y otro la segunda.
Urbanito salió al montículo para el noveno, acto en el cual su primer enemigo sería el grandeliga Carlos García. Era un momento de apremio, un juego de esos que solo deciden los grandes peloteros, los que siempre están a la caza de algún episodio importante para erigirse en protagonistas. Quizás fue por tal razón que el destino quiso que apareciera Carlos García, “El Almirante”, con un fuerte batazo entre right y center con el cual llegó a segunda, tras una atrevida carrera.
Lugo se despidió del montículo para darle paso al zurdo José Luis Centeno, quien debía enfrentarse a Oscar Azócar. El cuarto bate de los valencianos la elevó al jardín derecho para el primer out, pero sin titubear García sacó a relucir nuevamente su agresividad al lanzarse en carrera hacia la tercera en jugada de pisa y corre. “Cuando salió el batazo de Azócar vi que Abreu no estaba bien ubicado para hacer el tiro”, declaró el guayanés al periodista Luis Márquez Galindo de El Carabobeño.
“Fíjate que me abrí hasta casi la mitad entre tercera y short, pero me devolví y lo hice. El tiro ni siquiera fue a tercera”. Seguidamente, el piloto Regan ordenó boletos intencionales para Raven y Hatcher, luego de lo cual llamó del bullpen al derecho Donald Strange. El turno le pertenecía entonces a Eddy Díaz, aunque Tolman ripostó a la estrategia de Regan con Andrés Espinoza, un fuerte toletero zurdo.
Y el emergente consiguió lo que su mánager buscaba. Espinoza llevó la pelota a los predios del jardín central, adonde había entrado a jugar el novato Wilfredo Romero, quien fildeó el batazo y procedió a disparar a la goma para intentar que el partido se fuera a extrainning. No obstante, su tiro fue desviado y “El Almirante”, en otra desesperada carrera y lanzándose de cabeza como si en ese lance se jugara la vida, marcó un 1-0 que devolvió las ilusiones a todos los magallaneros.
“Tenía que hacerlo de todas, todas”, añadió el entonces infielder de Pittsburgh. “Volteé de nuevo hacia el jardín central cuando salió el batazo y sabía que ya Jorge Uribe no estaba ahí. Era un novato y por eso pensé que podía llegar sin mayores problemas. Pienso que cuando salió el batazo, el muchacho Romero, además de que estaba nervioso por la responsabilidad que le dieron, tuvo que apresurarse porque sabía de la importancia de la jugada. Tenía que tirar perfecto y ya viste”. Todo quedaría resumido en un solo partido (Navegantes del Magallanes La Travesía).
Carlos García se robó el show y propició un choque decisivo. Carlos García impuso su jerarquía para conducir al Magallanes a victoria 1-0 y obligó a disputar un séptimo desafío en la primera final directa entre los eternos rivales (Magallanes – Caracas La Rivalidad Memoria y Cuenta 1942-2011).
30 de enero de 2013
FECHA HOMECLUB SCORE GANADOR PERDEDOR
30-01-13 Magallanes G 11-9 J. Machí R. Rivero
(Navegantes del Magallanes Guía de Medios).
Magallanes dio cuenta de Lara 11 a 9 para conquistar su undécima corona en la historia de la LVBP, en dramática final, en dramática final de siete partidos. Pablo Sandoval despachó tres jonrones y empujó nueve carreras para llevarse el trofeo de Jugador Más Valioso (Magallanes Contra Viento y Marea).
La propuesta del Cardenales estaba definida con Rivero en la lomita, pero del lado de Magallanes hubo dudas pues el hombre en turno, Sergio Pérez, generaba poca confianza ante la inefectividad mostrada en sus salidas recientes.
Finalmente el designado para tomar la bola fue Austin Bibens-Dirkx, hasta entonces simple elemento de ornato y postergado durante toda la serie debido a que el cuerpo técnico había preferido colocar al zurdo dominicano Fabio Castro como abridor del cuarto cotejo.
Con artillerías como la de turcos y pájaros rojos, el festival de batazos que no apareció antes emergió en el último juego. La visita atacó desde el vamos con un cuadrangular productor de dos de Luis Jiménez, pero la furia contenida de los maderos magallaneros explotó en toda su magnitud fabricando carreras en cada uno de los primeros cinco innings para totalizar once anotaciones.
El jonrón fue la herramienta que usó la nave para bombardear a los lanzadores contrarios, sonando cinco estacazos de vuelta completa en una ristra que inauguró Endy Chávez en el primero; le siguió Carlos Maldonado en el segundo; Juan Rivera en el tercero y remataron Pablo Sandoval y Héctor Giménez en el cuarto.
Los cinco vuelacercas de los Navegantes igualaron la marca para un equipo en un encuentro de final, al igual que los ocho que terminarían acumulando entre ambos conjuntos supuso un nuevo tope. Bibens-Dirkx no estuvo en su mejor jornada y fue expulsado del box en el cuarto, sin embargo el daño causado por la alineación azul fue suficiente para contener los intentos de los larenses, que nunca bajaron la cabeza y con trío de anotaciones en ese tramo y dos más en el sexto, elaboradas con la segunda conexión de cuatro esquinas de Jiménez, mantuvieron latentes sus esperanzas.
Los últimos tres outs no estuvieron exentos de un toque de drama porque, luego de iniciarse el noveno con boleto a Valbuena, Oswaldo Navarro la sacó del parque para poner la pizarra solo por dos carreras, 11 a 9.
Entonces Enrique González, lanzando desde el octavo, recuperó la compostura y dominó a Robert Pérez, ponchó a Tomás Pérez y también abanicó a Orlando para descorchar el festejo. Magallanes era el campeón.
El equipo laboriosamente estructurado, sin duda alguna entre los más compactos en la historia de la Liga, alcanzó la meta establecida para acabar con una década de ayuno. Ciertamente le costó más de lo estimado por la mayoría y llegó a estar al borde del precipicio, pero la razón de ello fue el temple y denuedo del rival al cual se enfrentó. Por eso mismo la victoria tenía más valor y la celebración era tan significativa.
De ello daba cuenta en medio del jolgorio el propio Luis Sojo, quien logró su primer campeonato como mánager en la Liga irónicamente derrotando a la divisa que lo atesorará por siempre como uno de sus más excelsos emblemas y con la cual le fue esquiva tal conquista cuando tuvo la tarea de ser su piloto.
“La verdad que no fue nada fácil, tengo que felicitar a Cardenales por su aguerrida final, nos la puso muy complicada, pero nosotros teníamos todas las piezas y creo que el mejor equipo se impuso, por eso somos los campeones”. Al mismo tiempo expresó su agradecimiento a las dos franquicias que marcaban su vida peloteril en Venezuela.
“Tengo que darle las gracias a Lara porque ellos me dieron la oportunidad de convertirme en pelotero profesional y ser mánager por primera vez, y al Magallanes, a su directiva y a toda su gente por confiar en mí para dirigir a un equipo como este, especialmente a Carlos (García) porque todo arrancó con él y cuando se tuvo que ir creyó que yo era el indicado para continuar lo que él había comenzado”.
El gerente deportivo Luis Blasini también obtuvo recompensa al proyecto emprendido desde varios años antes y a la vez el reconocimiento personal a su autoría en la confección de la divisa, aunque en sus palabras primaba el esfuerzo colectivo.
“Esto es un triunfo en conjunto, no de una persona. Lo logramos gracias a todos porque todos fueron importantes, comenzando por los jugadores, y no solamente los grandeligas sino también los Lissón, Corona, Maldonado, Díaz y todos los demás, pasando por la totalidad de la directiva y el staff técnico. Es el fruto de cuatro años de trabajo que esperamos mantener”.
Uno de los más exultantes era “El Toro” Carlos Zambrano, quien vio cumplido un anhelo de su niñez.
“Desde la primera vez que me reuní con la directiva les dije que yo lo que quería era quedar campeón con este equipo, darle esta alegría a mi familia y a toda mi gente de Puerto Cabello, que se sintieran orgullosos de mí, y hoy deben estar muy contentos y celebrando con toda Venezuela… Es indescriptible, no puedo sino dar gracias por esto… No solamente es ganar, es con el equipo con el cual uno gana. Siendo fanático del Magallanes desde muy pequeño, qué más le puedo pedir a Dios?”.
Igualmente desbordante era la felicidad del capitán Endy Chávez, único protagonista sobreviviente del grupo que conquistara la corona previa once años antes y cuyo ascendente le otorgaba la condición de líder tanto en el campo como en el clubhouse.
“Es muy especial volver a titularnos campeones, teníamos todo para ganar y estoy feliz de haberlo logrado con peloteros tan talentosos. Ellos me llaman ‘El Capi’ por todo el tiempo que llevo aquí y yo asumo la responsabilidad de ese liderazgo, por eso para mí es un orgullo guiarlos y compartir el triunfo con todos estos muchachos”.
Dentro de ese ambiente único vivido en el José Bernardo Pérez, la magia del momento dejó un testimonio indeleble plasmado en la forma en que Juan Rivera, normalmente poco dado a celebraciones estruendosas o gestos excesivos en el terreno, recorrió las bases luego de su jonrón del tercer inning arengando a la fanaticada con los brazos en alto durante todo su trayecto por las almohadillas. Ya con el título en las manos, explicaba el motivo de tan inusitada efusividad.
“Jugamos con corazón de niños, por eso teníamos tantas ganas y salimos a divertirnos pasara lo que pasara”.
Pablo Sandoval cerró un lapso inolvidable, rematado por su escogencia unánime como Jugador Más Valioso de la final duplicando lo hecho en la Serie Mundial. El antesalista fue vital con sus tres jonrones, trío de dobletes y nueve remolcadas, lo que validó todo el empeño desplegado para su permanencia con el club.
“Postergué todos mis compromisos para estar aquí y terminar todos los encuentros, así que fuimos haciendo las llamadas para conseguir los permisos porque tenía una ilusión muy grande de seguir jugando… Además a mi mamá la estaban operando justamente hoy y tuve que jugar con eso en la cabeza… Ganar con Magallanes es un sueño hecho realidad, siempre quise titularme en Venezuela, darle un regalo a la afición por ser tan consecuentes”.
A la vez dejaba ver su satisfacción por superar la decepción sufrida tres años antes. “La razón por la que me quedé fue para eso, para ganar. No podía irme este año sin sacarme esa espinita contra los Leones”.
Al ser consultado sobre lo vivido en tan corto tiempo, tanto en Grandes Ligas como en la pelota local, y el significado e importancia de ambos logros en lo personal, el “Panda” no titubeó en su respuesta. “Aunque no se puede comparar con el nivel de la Serie Mundial, la emoción no es igual, en tu país es más sabroso conseguirlo”. (Navegantes del Magallanes La Travesía).
José Alfredo Otero (@JAOteroM / ADN Magallanero @ADNMagallanero).
Las cosas que pasan en Magallanes después de ser campeón de la 2021-2022
