A continuación, un escrito con respecto a Fred Manrique y su polémico cambio a pesar de que muchos pensaron que la figura de peso que necesitaban los Navegantes del Magallanes para optar al título en la 89-90.
El regreso de Rubén Mijares
Antes del inicio de la temporada 89-90, el doctor José Ettedgui fue electo nuevamente presidente de la Junta Directiva del Magallanes. Y en otro intento por darle un nuevo rostro a un equipo que había clasificado en cuatro de las últimas seis campañas, pero que aún no terminaba de dar el gran salto, el directivo llamó a un viejo aliado: Rubén Mijares.
El conocido periodista y comentarista, el hombre del “toma a Darwin y dame a Parker”, el mismo que había traído a Willie Randolph, Kent Tekulve, Don Baylor y compañía, estaba de vuelta a la divisa como gerente deportivo.
La primera decisión importante de Rubén Mijares
La primera decisión importante de Rubén Mijares fue lograr el regreso al club de Oswaldo Olivares, quien tras ocho contiendas con los Tigres retornó junto al lanzador zurdo Félix León.
Para obtener a Oswaldo Olivares, los Navegantes enviaron al Aragua al infielder grandeliga Fred Manrique, quien meses antes había sido adquirido del Lara junto al relevista Benito Malavé, en un cambio que llevó a Barquisimeto al pitcher Omar Bencomo y al inicialista Asdrúbal Estrada.
Pese a su jerarquía y a que muchos pensaban que Fred Manrique era la figura de peso que necesitaban los turcos para optar al título, Rubén Mijares se atrevió a sacar adelante una polémica transacción en la cual estuvieron de por medio algunos roces que el pelotero y el comunicador social habían tenido cuando este último se desempeñaba como comentarista del circuito radiofónico de los pájaros rojos.
Carlos García
El debut de Carlos García con Magallanes se había producido en la temporada 86-87, pero realmente fue en la 89-90, cuando siendo un pelotero ya mucho más curtido y que estaba a las puertas de las Grandes Ligas, que su presencia comenzó a sentirse de manera muy particular en el clubhouse y en el terreno.
90-91
Rubén Mijares continuó al frente de la oficina y desde allí siguieron los movimientos, esta vez con más fuerza que nunca. En plenos preparativos para la 90-91, el gerente del club envió a La Guaira al pitcher Luis Vásquez y recibió al veterano infielder Alfredo Pedrique.
Pero lo que más llamó la atención fue una nutrida lista de 13 jugadores que quedaron fuera del equipo, a la cabeza de la cual estaban Pedro José Chávez, Ángel Escobar y Ernesto Gómez.
Otro hecho importante que ayudó a la renovación del plantel de nativos, fue la firma con un bono de 200 mil bolívares del cotizado prospecto del pitcheo Juan Francisco Castillo, quien tras tres años en la organización de los Mets de Nueva York era perseguido por varias divisas, entre ellas Caracas y La Guaira.
No obstante, el joven lanzador derecho estampó su rúbrica con los valencianos y desde su primera aparición con el uniforme magallanero enseñó su clase para terminar conquistando el premio de “Novato del Año” en la 90-91, gracias a tres triunfos y una efectividad de 2.55.
Los Navegantes dejaron a un lado a los Medias Blancas de Chicago y se fueron a Nueva York, donde los Yankees cedieron la mayor parte del material extranjero que acompañaría al club en la nueva campaña.
Por primera vez en mucho tiempo Magallanes había estado realmente cerca, aspecto positivo que fue acompañado por el surgimiento de un joven prospecto que comenzaba a exhibir su don de liderazgo y todas las condiciones que más tarde le harían ser conocido como “El Almirante”: Carlos García.
91-92
El final de la campaña 90-91 marcó también el final de la presencia de Rubén Mijares al frente del club. El periodista tenía el compromiso de asumir el cargo de gerente general de los Caribes de Oriente, equipo de expansión que haría su estreno en la 91-92 y que junto a los Petroleros de Cabimas originó la ampliación de la Liga a ocho conjuntos y la creación de dos divisiones, las cuales fueron llamadas popularmente Oriental (Magallanes, Caracas, La Guaira y Caribes) y Occidental (Aragua, Lara, Zulia y Cabimas).
Rápidamente la directiva comenzó la búsqueda de la persona que ocuparía el puesto de Mijares, y tras escucharse varios nombres, decidió contratar a John Carrillo, un comentarista de radio y televisión que unos cuantos años antes se había dado a conocer por su profunda afición hacia los Navegantes.
92-93
Después de una nueva frustración, los Navegantes comenzaron a planificar la temporada 92-93 pensando que cada día estaban más cerca de dar el salto definitivo a la final. John Carrillo no continuó a cargo de la gerencia general. Una nueva junta administradora, encabezada por Alfredo Guadarrama como presidente.
El Almirante Carlos García
Magallanes necesitaba de líderes para aprender a ganar y Carlos García se convirtió en uno de ellos, en el Almirante que faltaba en la tripulación para terminar de construir un equipo victorioso. Una evidente prueba de lo anterior ocurrió en la justa 92-93, cuando el nativo de Ciudad Bolívar encontró a su club en el sótano con marca de 6 y 14 al momento de incorporarse al line up.
Sin embargo, de ahí en adelante el ya grandeliga trazó la travesía que llevaría al barco valenciano hasta su primera final en 14 años y a partir de entonces sería siempre el Almirante García.
93-94
Alfredo Guadarrama, “El Almirante” Carlos García y Álvaro Espinoza
El regreso de “El Almirante”
“El Almirante” Carlos García estaba de nuevo al frente de la nave. Y para hacer todavía más notable, se incorporó una figura que sería clave en el accionar de la divisa: el shortstop Álvaro Espinoza. Ávaro Espinoza había sido adquirido de los Tigres de Aragua antes de la 92-93, pero una lesión le impidió hacer su estreno ese mismo año con el equipo de su ciudad natal.
En el cambio los Navegantes entregaron a los pitchers Lester Straker y Argenis Conde, además del joven infielder Román Rodríguez, y también recibieron al hábil bateador zurdo Raúl “Tucupita” Marcano y Alfredo Torres, quien fue dejado en libertad inmediatamente.
Con el arribo del antiguo campocorto de los Yankees de Nueva York, Magallanes no solo logró confeccionar alrededor de la intermedia una combinación de Grandes Ligas, sino que, además, terminó de imprimirle liderazgo y jerarquía a su clubhouse, gracias a la personalidad y forma de abrazar el juego de Álvaro Espinoza.
Carlos García venía de su primera campaña completa con Pittsburgh, conjunto que lo trasladó del shortstop a la segunda almohadilla, y el guayanés respondió bateando para .269, con 12 jonrones, 47 impulsadas y 18 estafadas. Álvaro Espinoza, a su vez, había conseguido retornar a las Mayores, convirtiéndose en el utility del cuadro de los Indios de Cleveland, para los cuales bateó .278 en 129 partidos.
El aporte de Álvaro Espinoza y Carlos García. Además de brindarle solidez al cuadro con su presencia en el shortstop, Álvaro Espinoza fue parte importante del ataque con un average de .318 en 36 desafíos, mientras que su compañero de doble matanzas agregaba un promedio de .316 y una docena de remolcadas en 25 partidos.
Un rolling a los predios de “El Almirante” Carlos García, quien pasó la bola a su gran compañero Álvaro Espinoza para que se sellara el triunfo que le daba el campeonato al Magallanes.
Una junta administradora, que encabezada por Alfredo Guadarrama en la presidencia. La misma junta administradora que adquirió a Álvaro Espinoza para terminar de conformar un equipo campeón.
Álvaro Espinoza en su primera incursión con la nave, Álvaro Espinoza jugó el séptimo juego de la final frente al Caracas con fiebre, producto de una amigdalitis. Como él mismo dijo en aquella ocasión: “Ni matándome me sacaban de la alineación”.
Más allá de su sólida defensa en la posición número seis, más allá de su oportuno bateo, fue ese carácter, ese don de guerrero y líder, ese temple y su innegable, confeso y público amor por el Magallanes, la gran contribución de Álvaro Espinoza a una divisa que marcó una era dorada en los años 90.
La presencia en el clubhouse del valenciano fue vital para cambiar la identidad, la personalidad y el carácter de un club que necesitaba líderes para aprender a ganar, para saberse capaz de derrotar a cualquier rival que le pusieran al frente, para construir un ego gigante que le permitiera enfrentar cualquier reto. No en balde, fueron tres títulos en cuatro años para la nave magallanera con Álvaro Espinoza como su shortstop y principal cacique.
José Alfredo Otero (@JAOteroM / ADN Magallanero @ADNMagallanero) con parte de la información Navegantes del Magallanes La Travesía (Giner García y Emil Bracho).
Imagen principal, diseño, edición y vídeo: Diego Otero (@Diego_Otero13).
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